Tratamientos Preventivos, la mejor defensa contra plagas

Desde los inicios de la agricultura se han utilizado diferentes métodos para el control de plagas y enfermedades en los cultivos, entre ellos destaca el uso de compuestos químicos. Sin embargo, en los últimos años esta tendencia está cambiando, debido fundamentalmente a que las prohibiciones en el uso de estos productos son cada vez mayores, por los peligrosos efectos de estos productos o sus productos de degradación sobre el medio ambiente y la salud humana, así como el aumento de la resistencia de las plagas a dichos productos.

Es por ello que actualmente está cobrando especial importancia la Resistencia Sistémica Inducida y más aún en los próximos años para cumplir con el objetivo propuesto por la Unión Europea para el año 2030 de un incremento del 25% de la superficie agrícola ecológica cultivada.

La Resistencia Sistémica Inducida consiste en respuestas locales que producen las plantas frente al ataque de plagas y enfermedades, mediante la activación de sus sistemas de defensa, como puede ser un engrosamiento de la pared celular que impide la entrada del patógeno.

Las nuevas formas de control de plagas consisten, por tanto, en controlarlas a través de los propios mecanismos de defensa de las plantas, utilizando lo que se conoce como activadores. Estos tratamientos deben hacerse de forma preventiva para que una vez que aparezca la plaga la planta haya desarrollado las defensas contra ella.

Existen diversos estudios que evidencian el papel de los activadores como herramienta para el control de plagas, debiendo tenerse en cuenta las circunstancias diferenciadoras de los cultivos a la hora de su aplicación (ambiente, estado nutricional, genotipo…), presentado especial atención al tiempo y dosis de aplicación para desencadenar así la respuesta deseada.

El uso de estos activadores es una herramienta más del control alternativo que se suma al control biológico, como alternativa sostenible y eficaz para incorporar a los programas de Manejo Integrado de Plagas.

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Consejos para el mantenimiento de los sistemas de riego

El correcto funcionamiento y durabilidad de un equipo de riego por goteo consiste en tenerlo en condiciones óptimas en todo momento.

Para ello, los equipos deben ser inspeccionados periódicamente y cómo mínimo una vez al año al finalizar la campaña, para detectar posibles taponamientos, pérdidas durante el riego y roturas de la tubería.

Una forma sencilla de evaluar el funcionamiento del equipo es a través de la lectura del medidor volumétrico, si dicha lectura da una variación en menos del 10%, es probable que haya goteros tapados; si es superior al 10% pueden existir perdidas parciales o rotura de tubería. Otros indicadores que podemos observar fácilmente son los precipitados blancos que indican la presencia de carbonatos, los de color marrón de hierro y manchas negras de aspecto grasiento, síntoma de presencia de microrganismos.

Tratamientos preventivos

  1. Motores y bombas: vigilar la temperatura y el ruido de rodamientos, mantenerlos lubricados.
  2. Filtros: deben desmontarse al final de la temporada para ver el desgaste, realizar aplicaciones de pintura antióxido o reemplazarlos en caso de necesidad. Observar los manómetros, ubicados antes y después de los filtros, cuando la diferencia sobrepasa los 6 metros, hay que realizar un retrolavado. Los filtros de malla también deben ser revisados y limpiados frecuentemente.
  3. Equipos inyectores: es necesario lavarlos muy bien al final de la temporada y si están oxidados, rasparlos y revestirlos con pintura epóxica.
  4. Válvulas: realizar chequeos y limpieza periódicos de los orificios y válvulas, especialmente a partir del tercer o cuarto año que suelen comenzar a fallar.
  5. Goteros y tubería de riego: la mejor forma de evitar obturaciones es mediante la prevención que consiste en una limpieza con presiones de 3 a 4 kg/cm2, comenzando por el cabezal y la conducción principal y manteniendo las válvulas de riego cerradas. A continuación, se realiza la misma operación uno a uno a todos los laterales que contienen los goteros.

Prevención y corrección de obturaciones

El taponamiento puede producirse por tres causas:

  1. Partículas que ingresan al sistema a través de la fuente de agua. Además, todas las aguas y fertilizantes contienen sales que pueden precipitar obturando los emisores.
  2. Partículas originadas por transformaciones químicas, como la corrosión de las tuberias.
  3. Crecimiento biológico, como el desarrollo de algas en depósitos al aire libre que se filtran y favorecen posteriormente el desarrollo de bacteria.

a) Tratamientos preventivos para obturaciones

  • Situar un filtro de malla aguas debajo de todo punto en que se inyecte abono a la red de riego.
  • La primera y última fase de cada riego debe hacerse con agua sin fertilizantes para evitar los precipitados que se forman al dejar el agua con abono evaporándose en los periodos entre riesgos.
  • Antes de aplicar por primera vez un abono, mezclarlo en un vaso con agua de riego y observar si se forman precipitados o turbidez.
  • Lavar periódicamente el lateral que contiene a los goteros, extrayendo el “final 8” que cierra y dejando que se lave la tubería.

b) Tratamientos correctivos para obturaciones

  • Obturaciones químicas: provocadas por la precipitación de sustancias que vienen en el agua de riego, las más frecuentes son las de carbonato de calcio. Normalmente se utilizan ácido clorhídrico, nítrico y sulfúrico. El ácido fosfórico, cuando se aplica como fertilizante a través del riego, actúa también como método preventivo contra la formación de precipitados. Tanto el tubo de PVC como los de polietileno son resistentes a los ácidos, mientras que el aluminio, el acero y el asbesto-cemento son dañados por corrosión. Posteriormente hay que pasar agua sin ácido al menos durante una hora para eliminar restos de ácido. El objetivo del tratamiento con ácido es bajar el pH en el agua de riego a valores entre 2 y 3 durante un corto periodo (12-15 min), para ello se requiere una concentración de ácido del 0.06% en el agua de riego.
  • Control de algas en reservorios:  un tratamiento eficaz es la aplicación de sulfato de cobre en dosis entre 0.05 -2 mg/L de agua a tratar. No aplicar cuando la tubería es de aluminio.
  • Control de algas en el sistema de riego:  la cloración es el tratamiento más efectivo y menos costoso. Cuando se añade cloro (en forma de hipoclorito sódico habitualmente) al agua de riego parte es absorbido y otra parte queda libre, actuando como biocida. Antes de llenar el tanque debemos asegurarnos de que está completamente limpio de restos de fertilizantes.

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